Origen de la música procesional

Pero la incorporación de instrumentos musicales a los desfiles procesionales tuvo su origen en época muy remota. En los albores del s. XVI ya figuraba en las procesiones que se celebraban en Sevilla – caso, por ejemplo, de la conocida como Cofradía de las Cruces – dos trompetas que “tocaban de dolor”, en realidad, dos clarines conocidos con el nombre de trompetas dolorosas, cuya misión consistía en ordenar cuándo el paso tenía que detenerse o reemprender la marcha.

También, en las reglas de la Hermandad de la Vera Cruz de 1538, se cita que “cuatro trompetas de dolor” marchaban tras las andas del Crucificado.

Sin embargo, no hay constancia exacta, en la actualidad, del año exacto en que se incorporaron los distintos tipos de bandas a las procesiones de Semana Santa. Sabemos que en el programa de festejos que se celebraron en Sevilla para conmemorar la proclamación de la Inmaculada Concepción como patrona de España y de sus territorios de ultramar (1761-1763), se incluía “un concierto de música, trompetas y clarines organizado por la Primitiva Hermandad de Nazarenos de Sevilla”.

Por algunos textos de la época se sabe que, a principio de 1800, ya figuraban bandas de música tras los pasos de palio sevillanos. En aquel tiempo era usual que una música de capilla acompañara al Cristo y tras el paso de palio marchara “una música marcial tocando marchas fúnebres”.

La música de la semana santa

Las marchas fúnebres son lentas, de corte triste y luctuoso, y carecen de partes de cornetas. Entre sus muestras más tradicionales están: “Ione”, adaptación del aria de la ópera italiana del mismo nombre, obra de Manuel Font Fernández, “Virgen del Valle”, primorosa y centenaria composición de Vicente Gómez-Zarzuela, y “Jesús de las Penas”, inspirada partitura de Antonio Pantión.

El capítulo de marchas fúnebres es, pues, riquísimo, mucho más de lo que pudiéramos llegar a pensar, puesto que era un género en boga. Incluso en la llamada por muchos “música clásica” encontramos este tipo de composición desde los albores mismo del Romanticismo, como es el caso del segundo movimiento de la Tercera Sinfonía de Beethoven: Marcha Fúnebre, “Alegro Assai” y, unos años más tarde, la incluida de Chopin en su Sonata en Si Bemol Menor, Op. 35, que, por cierto, primero fue compuesta sólo como marcha fúnebre, añadiéndole en 1839 los restantes tiempos. Tampoco podríamos olvidar la espectacular y sobrecogedora de Sigfrido, de El Ocaso de los Dioses, de Ricardo Wagner.

Este es el estado de nuestra música procesional cuando aparece la primera partitura ex profeso para una procesión que escribiera José Font y Marimont: “Marcha Fúnebre dedicada a la Pontificia Real Hermandad y Cofradía de Nazarenos del Dulce Nombre de Jesús, Sagrado Descendimiento de nuestro Señor Jesucristo y Quinta Angustia de María Santísima”, más conocida como “La Quinta Angustia”.

Sin embargo, en opinión de otros expertos como Abel Moreno y Francisco Melguizo, con antelación a la llegada de José Font y Marimont, en los desfiles procesionales hispalenses ya se interpretaban marchas fúnebres adaptadas de famosas obras clásicas. “El Ocaso de los Dioses” (Wagner), “Julio César” (Schumann) o “La Marcha Fúnebre de Chopin”, son algunos ejemplos de ello.

Este uso comenzaría a cambiar desde el momento que el ilustre músico mayor de Soria 9, fechara y firmara “La Quinta Angustia” el 8 de abril de 1895.

La música de la semana santa

Tan sólo tres años después (1898), Vicente Gómez-Zarzuela firma “Virgen del Valle”, auténtica joya del género, por su sensibilidad y belleza.

Posteriormente, llegarían los hermanos Font de Anta con las dos obras cumbres del repertorio general de la música cofrade, “Amarguras” o “Soleá dame la mano”, entre otras maravillas de grandioso valor artístico

Tras estos años de finales del XIX y principios del XX de predominio a este estilo fúnebre, aparece la figura del músico militar sevillano Manuel López Farfán, quien, con sus renombradas marchas “Pasan los Campanilleros” (1924) y “La Estrella Sublime” (1925), crea une estilo más alegre y popular que revoluciona el estilo de música procesional imperante por aquella época.

En estas marchas, el ritmo se aviva y la melodía transpira un aire jubiloso y triunfal que no se desprende de los fúnebres. El cuerpo de cornetas le confiere a ciertas marchas “de palio” gran brillantez y marcialidad, propias de la personalidad marcadamente militar de sus autores.

La nueva línea es, ni más ni menos, que un estilo que rompe con lo todo lo anterior, es la extroversión de los sentimientos, la búsqueda del efectismo al que más tarde seguirá lo populachero.

¿Qué es la música cofrade?

“Estoy escuchando lo que veo y estoy viendo lo que escucho”, exclamó, arrobado, el universal compositor soviético Igor Federovich Stravinsky, el Miércoles Santo de 1921, al contemplar el grácil y simétrico balanceo de un paso de palio coordinado sutilmente con los acordes musicales de una marcha cofradiera.

Acto seguido, Stravinsky mostró a su acompañante su deseo de felicitar al maestro que dirigía la banda, por la espléndida ejecución de la obra que ésta acababa de interpretar. No deja de ser interesante que todo un genio de la música se viera sorprendido por este género musical tan circunscrito a nuestra tierra y tan desconocido fuera de la misma.

Con su expresión, Stravinsky concibió la escena que contemplaba como la suma de una serie de elementos totalmente conjuntados a inherentes entre sí, donde la música ocupaba un puesto de especial relevancia.

Hoy en día, nosotros mismos no podemos concebir la Semana Santa sin la música, como tampoco podemos concebir el discurrir de un paso de palio sin una marcha cofradiera o los sones de una capilla de música, con la excepción, claro está, de la silente estación de penitencia, con la que algunas Hermandades y Cofradías dan culto público a sus Venerables Imágenes.

Hay quien opina que “el papel que desempeña la música en la Semana Santa es tan importante que gracias a ella se puede escuchar hasta el silencio”.

Música cofrade a pie de calle

Son Pocos los que la conocen. Pero la mayoría de ellos le ha dedicado una vida entera. Lo llevan dentro, en sus corazones, en su sangre, como por ejemplo Pablo Picchi, actual director y compositor, el cual ya tiene un fuerte sentimiento por la música cofrade desde pequeño. La música cofrade es, para muchos, su mayor símbolo de identidad, y así lo demuestran en las entrevistas que se les ha realizado. Los diferentes músicos, directores y compositores de música cofrade cuentan sus vivencias entorno a este mundo tan curioso, aunque aquí en Catalunya está olvidado por muchos de los ciudadanos. Aunque sea un genero musical poco común, los que lo viven le ponen pasión, sobretodo en Andalucía, que es la máxima representante del mundo cofrade, donde verdaderamente hay un gran sentimiento hacia este estilo musical por parte de las cofradías, hermandades y otra gente que acompaña las procesiones, y que espera con ansiedad el periodo de Semana Santa.

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